23/4/09

Tu mirada




Porque no me importa nada, porque la tormenta paró y el sol que quiere salir me hace extrañar, extrañar lo que nunca tuve. Porque no quedó nada, porque no hubo nada. Te desnudé en sueños, te creí irremplazable, te elevé mágicamente, te hice mi Dios, mi Rey, toda mi razón. Porque fuimos la nada misma, fuimos un espejismo, ¿fuimos? No, no fuimos. Fui, tal vez, fuiste, no se. Me quedo con la duda, la duda de saber si lo hubiéramos logrado, si hubiéramos podido contra todo. Me quedo con las preguntas sin respuesta, con tu adiós estúpido porque nunca me habías dicho hola, me quedo con la vergüenza que me da haberte amado tanto, me quedo con tu rechazo, me quedo con lo único que fue mío alguna vez, tu tiempo inservible, tus sobras. Me quedo con el no saber, el no saber absolutamente nada de vos, el no saber realmente que sentías, el no saber si alguna vez hubo algo, algo más que deseo. Si, deseo. Tal vez por el simple hecho de que era imposible, se volvía tan provocador. Me imaginaba en tus brazos, necesitaba tus besos, necesitaba una dosis de vos, una dosis de tu mirada, de tu sonrisa, de tu voz que me hacia sentir la mujer más plena del mundo. Me imaginaba pudiendo decir que me habías elegido a mí, que me creías única, que me creías especial. Me imaginaba con fuerza, con poder, me imaginaba como nunca fui, porque creía que si tenía tu amor iba a poder ser mejor, iba a poder contra el mundo, y no iba a necesitar ya mas nada. Aún hoy sigo imaginándolo a veces, cuando me quedo sola; es lo único que tengo, las imágenes que creo mi cerebro, mi piel que reclama la tuya, mis oídos que solo quieren oír tu voz, mis ojos que solo quieren encontrar los tuyos, mi boca, mis manos, mi olfato, mi locura. Y lloro, tal vez. Lloro sin explicación, nadie lo entiende y a mi me importa muy poco, solo lloro porque quizás pude tenerlo todo, y lo dejé ir. Se que es poco probable, se que te creo mejor de lo que realmente sos, se que mi imaginación es demasiado poderosa y mi necesidad de confiar en el destino aún más, pero tal vez…tal vez…la felicidad si existe después de todo. Si esto sería una confesión, diría que nunca en toda mi vida (que no es muy extensa) me sentí tan bien, tan plena, tan llena de paz como esa vez en que me miraste, y me sentí elegida, me sentí especial, me sentí tuya y te sentí mío, aunque nada fue conciso, fue real. Y fue lo único real entre nosotros, lo único que me queda como recuerdo. Borré todo, borré todas las pruebas, borré tu manera de jugar conmigo, borré a esa Carolina indefensa que caía rendida a tus pies y que no podía si no tenía al menos una puntita de tu existencia, borré mis errores, borré tu desprecio, borré lo chiquita que me hacías sentir, borré lo mucho que te llegué a odiar, borré mi negación, borré mi orgullo; y solo me quedé con esa mirada, porque fue lo único real. Me quedo con el silencio, con el tiempo en el que yo no conocía lo hiriente que podías llegar a ser, y vos no conocías lo estúpida que podía llegar a ser yo. Me quedo con el deseo, con el no saber, con el querer empezar algo que no pudo ser. Me quedo con los sueños que nunca vas a saber, con los escritos que nunca vas a leer, me quedo con lo único real, con el amor que sola construí en base a una mirada. Me quedo con los consejos de mis amigas, me quedo con no saber realmente que opinión formaste basada en la Carolina que conociste vos, la única que te dejé conocer, por miedo tal vez, miedo a descubrir que podía ser mejor con vos, que podíamos construir algo juntos, JUNTOS.